Cuando se empezó a hablar de blockchain en el sector financiero, la conversación giraba casi siempre en torno a las criptomonedas. Hoy el panorama es muy distinto. El debate ha evolucionado y empieza a centrarse en una cuestión mucho más estructural ¿cómo la tokenización de activos y el dinero digital pueden transformar la infraestructura sobre la que funcionan los mercados financieros tradicionales?
Este fue precisamente el eje de una charla organizada por Digit Institute bajo el título “Tokenización y stablecoins: redefiniendo el futuro del sector financiero”. En ella, expertos de la talla de Alfredo Muñoz, profesor del IEB, Juan Jiménez Zaballos, presidente del consejo asesor de Alastria y Juan Elorduy, ex-directivo de Santander, Bankinter y Caixabank analizaron cómo estas tecnologías empiezan a influir en los mercados, la regulación y los modelos de negocio de las entidades financieras.

A partir de ese debate, estas son diez conclusiones clave que, en mi opinión, ayudan a entender por qué la tokenización está empezando a ocupar un lugar central en el futuro de los mercados financieros:
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Ya no hablamos del internet 2.0: la tokenización supone avanzar hacía el internet del valor, una red donde no solo circula información, sino también activos y dinero de forma nativa.
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Una promesa clara de eficiencia: Al simplificar procesos y reducir intermediarios, las infraestructuras basadas en blockchain recortan de forma notable los costes de determinadas operaciones. En algunos procesos de liquidación, distintos operadores del sector hablan incluso de reducciones de costes que podrían situarse entre el 80% y el 90%. Gran parte de esa mejora viene de la automatización a través de smart contracts y de la simplificación de cadenas operativas que hoy siguen siendo complejas.
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La liquidación es casi inmediata: pasamos de un modelo T+2 a un modelo mucho más rápido y cercano: T+0, es decir, liquidaciones prácticamente instantáneas. Esto reduce riesgos de contraparte y simplifica buena parte de la infraestructura de post-contratación.
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Los mercados no duermen: las infraestructuras basadas en blockchain no dependen de los horarios tradicionales de mercado. Esto abre la posibilidad de mercados que operen 24/7, con acceso global y negociación permanente. Algo que, con la arquitectura actual del sistema financiero, resulta bastante más difícil de implementar.
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La propiedad fraccionada cambia el acceso a la inversión: este modelo puede tener un impacto especial en sectores como el inmobiliario, donde tradicionalmente la inversión exige cantidades elevadas de capital. Tokenizar un activo permite repartirlo entre muchos inversores y ampliar el acceso a ese tipo de mercados.
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Sin dinero tokenizado, el sistema no termina de funcionar: Tokenizar activos es solo una parte del proceso. Para que el sistema funcione de manera óptima, es indispensable contar con dinero tokenizado que respalde las transacciones, lo que permite que la entrega del activo y el pago se realicen al mismo tiempo mediante liquidaciones atómicas, reduciendo así considerablemente el riesgo de contraparte.
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El papel creciente de las stablecoins: hoy la mayoría están referenciadas al dólar, lo que explica su peso creciente en los ecosistemas blockchain y en los pagos digitales. Su utilidad como medio de pago y de liquidación las está convirtiendo en una de las piezas más visibles del nuevo sistema financiero digital.
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Un desafío estratégico para Europa: el predominio de las stablecoins ligadas al dólar plantea un reto estratégico para la Unión Europea. Si estas monedas digitales se usan masivamente en pagos internacionales, podrían fortalecer aún más el papel del dólar a nivel global. Por eso han empezado a impulsarse iniciativas como el euro digital y otros proyectos de stablecoins denominadas en euros, buscando ofrecer alternativas dentro del continente.
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La regulación empieza a despejar el camino: En Europa, la entrada en vigor de MiCA y el desarrollo del Régimen Piloto DLT están creando un marco más claro para experimentar con infraestructuras de mercado basadas en blockchain. En España, además, la Ley del Mercado de Valores de 2023 reconoce efectos jurídicos plenos a los registros basados en DLT, lo que abre la puerta a la emisión nativa de instrumentos financieros tokenizados.
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Los pagos internacionales, el primer gran terreno de juego: aunque la tokenización tiene aplicaciones en muchos ámbitos, desde la financiación hasta la gestión de activos, muchos expertos coinciden en que el primer gran caso de uso a gran escala serán los pagos transfronterizos. Las stablecoins permiten transferencias internacionales más rápidas, con costes más bajos y sin depender completamente de infraestructuras tradicionales.
Durante mucho tiempo, la tokenización fue vista como una promesa tecnológica todavía lejana. Hoy el contexto es distinto. La tecnología ha madurado, las instituciones financieras están explorando activamente su uso y la regulación empieza a ofrecer un marco más claro.
Eso no significa que todos los retos estén resueltos. La fragmentación regulatoria entre jurisdicciones, los requisitos de capital para la banca europea o la interoperabilidad entre distintos emisores de stablecoins son cuestiones que seguirán marcando el debate. Pero hay algo que cada vez parece más evidente la tokenización ya no es solo un experimento tecnológico. Empieza a perfilarse como una de las piezas sobre las que podría construirse la próxima generación de infraestructuras financieras.